
Reporte sobre la negociación, crónica de un fracaso anunciado.
Los fenómenos climáticos en los últimos años han causado pérdidas millonarias en sectores productivos claves para la economía nacional y de comunidades campesinas indígenas de todo el país. La FAO y el PMA han señalado que el cultivo de arroz en Bolivia había mostrado una reducción de 35% entre el 2006-2007 comparado con el año anterior y 25% durante 2007-2008 comparado con el promedio de los últimos 5 años. En el altiplano, la combinación de baja precipitación y heladas recurrentes al inicio de éste año han disminuido la producción de papa y quínoa, aunque uno de los grandes problemas es justamente que no se tienen datos exactos o aproximaciones sobre la dimensión de estos impactos.
La producción de ganado ovino, bovino y camélido en el altiplano también se ve afectada a causa de que la escasez de pastos y forrajes a partir de julio/agosto, aspecto que viene repitiéndose los últimos años, quedando varios meses secos antes de que las primeras lluvias lleguen en octubre/noviembre. En el Chaco boliviano este año se registró la muerte de 5,000 cabezas de ganado como informaba el viceministro de Desarrollo Rural, Víctor Hugo Vásquez a mediados de noviembre pasado.
Otro fenómeno que parece también afectar cada vez más a las poblaciones campesinas indígenas en el sur de nuestro país –donde se registran los mayores índices de pobreza- es la recurrencia de tormentas de granizo de alto potencial destructivo que causan pérdidas en los sistemas productivos, lo cual, hace aún mas vulnerables a la inseguridad alimentaría a estas familias, desembocando en muchos casos en procesos emigratorios hacia las ciudades con los efectos sociales que dichos fenómenos conllevan.
Evidentemente las alteraciones climáticas cuyos impactos vemos reflejados en la pérdida de producción y sus efectos diversos, hacen que las actividades agropecuarias sean aun más riesgosas. Sin embargo, lo verdaderamente preocupante es que estas alteraciones forman parte de un proceso de cambios climáticos de largo plazo y, según la mejor ciencia disponible, los efectos que hoy vivimos son sólo el comienzo ya que en cuestión de algunas décadas se podrían derretir completamente los glaciares y la nieve de nuestros nevados y el bosque húmedo amazónico se transformará en llanuras y bosques secos y semi-secos, amenazando al mismo tiempo la vida de millones de personas en todo el país y la región sudamericana.
Mientras tanto, las chimeneas continuan vaciando su humo en la atmósfera
El cambio climático -tema de discusión las últimas dos semanas de diciembre en Copenhague, Dinamarca,- se está convirtiendo rapidamente en una amenaza de escala global, superando incluso a las más pesimistas proyecciones científicas que ya nos advertían de esto hace más de dos décadas atrás.No obstante lo descrito arriba y los cientos de reportes que han circulado sobre estos temas, las negociaciones entre los 192 países de las Naciones Unidas en Dinamarca, de donde escribo este artículo, muestran grandes dificultades para lograr acuerdos vinculantes y soluciones reales a esta amenaza. Después de casi dos semanas, las discusiones hasta ahora 18 de diciembre de 2009 son practicamente inútiles y sin resultados. La razón principal para ello es la falta de voluntad política para asumir acuerdos equitativos y proporcionalmente razonables por parte de los países desarrollados, entre los principales Estados Unidos, Japón, los de la Unión Europea, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Estos países han venido bloqueando sistemáticamente uno de los dos carriles de negociación que tiene el mandato de lograr la ampliación del protocolo de Kioto para cubrir un segundo periodo que defina compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (mitigación) y temas relacionados a la generación de financiamiento para acciones de adaptación en los próximos 5 a 7 años.
Este protocolo de Kioto es de importancia estratégica para lograr resultados positivos en la lucha contra el cambio climático porque que incluye una serie de mecanismos que lo convierten en el único tratado legalmente vinculante en la actualidad que puede obligar a los países desarrollados, principales responsables históricos y actuales de la emisión de los gases de efecto invernadero, a realizar reducciones drásticas y urgentes de esta contaminación que es el origen de las alteraciones climáticas que, como se dijo arriba, ya afectan la población del mundo de manera por demás tangible.
A unos días de finalizar la quinceava Conferencia de las Partes (COP15, por sus siglas en inglés), todos vemos con expectativas desde adentro, los resultados que puedan arrojar las reuniones que se desarrollan entre ministros y el segmento de alto nivel que ha reunido a más de 100 jefes de estado incluyendo al presidente Evo Morales. El resultado más probable del que se habla en los pasillos del centro de eventos donde se desarrolla la reunión, es que no se vaya a firmar ningún tipo de acuerdo legalmente vinculante, en otras palabras un fracaso rotundo. Y aunque en estas horas de la noche se especula de la posibilidad de un acuerdo político, de todas maneras esto será un fracaso, con la diferencia que no dejaría expuesta tan claramente la incapacidad de los países desarrollados de asumir un liderazgo y la responsabilidad que justamente les corresponde. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, la delegación boliviana junto a las otras delegaciones de la mayoría de los países en vías de desarrollo no bajan los brazos hasta que la campana suene o hasta donde la paciencia alcance.